Artículo Administrativo

Por más aceras seguras para caminar

Las veredas son el primer espacio de seguridad para el peatón, especialmente para niños, adultos mayores y personas con discapacidad.

Claudia Natalie Herbas Flores

En una ciudad que aspira a ser moderna, inclusiva y humana, el estado de las aceras no puede seguir siendo considerado un asunto secundario. Las veredas son el primer espacio de seguridad para el peatón, especialmente para niños, adultos mayores y personas con discapacidad. Sin embargo, en muchas zonas de Cochabamba caminar se ha convertido en una actividad de riesgo debido al abandono, la falta de mantenimiento y la ausencia de una verdadera cultura urbana de respeto al peatón.

En días recientes, en las redes sociales se viralizó esta problemática a partir del caso de una niña de siete años que iba camino a su escuela y que sufrió una caída en una acera en mal estado en la zona norte de Cochabamba. El hecho generó indignación y preocupación ciudadana, porque evidenció una realidad cotidiana, que miles de personas enfrentan silenciosamente cada día: veredas rotas, desniveles peligrosos, huecos de las cajas de los medidores del servicio de agua potable SEMAPA que son robadas por gente inconsciente, raíces de árboles expuestas desarmando la vereda, comerciantes apostados con su venta en el centro de la ciudad y obstáculos que obligan a bajar a la calzada vehicular a la gente y a las personas con discapacidad en sillas de ruedas.

Desde la mirada ciudadana la verdadera discusión debe enfocarse en la responsabilidad colectiva de construir una ciudad segura y digna para todos. Una acera deteriorada no es solamente un problema estético para que una ciudad se vea mejor: es un riesgo directo para la integridad física de las personas.

La Ordenanza Municipal 1061/91 de Cochabamba, aprobada el 20 de diciembre de 1991, es el Reglamento General de Urbanizaciones y Edificaciones, que sigue siendo la base normativa principal para la planificación urbana y la preservación del patrimonio histórico de la ciudad, que indica responsabilidad de los propietarios de casas para mantener en buen estado las aceras.

El problema también revela una contradicción urbana: mientras se invierte en obras visibles o monumentales, muchas veces se descuida la infraestructura más básica y esencial. Las aceras son parte fundamental de la movilidad urbana. Una ciudad no se mide solamente por sus avenidas o edificios modernos, parques o jardines, sino por la seguridad con la que una madre puede caminar con su hijo, o un abuelo puede trasladarse sin temor a caer.

Es urgente que las autoridades municipales asuman políticas serias de mantenimiento preventivo con campañas de información, motivando a los propietarios de casas y edificios a ser ciudadanos conscientes y empáticos, por la gente que transita y está sufriendo accidentes con consecuencias en la calidad de vida, alterando sus actividades cotidianas por acudir a traumatólogos, fisioterapeutas, exámenes de rayos X y ecografías, asumiendo gastos económicos considerables.

Cochabamba necesita volver a pensar sus espacios públicos desde la seguridad humana y no desde la improvisación. Porque una acera bien mantenida no es un lujo urbano: es un derecho ciudadano y una obligación ciudadana responsable con quienes más necesitan protección.

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